Historia del C.C.C.
Armando Díaz (ex-presidente)
A mediados del año 1968 fuí invitado a una reunión en la casa de Arturo y Ernestina Hernández, un pequeño apartamento en la calle Brady en Los Angeles, en la que un grupo de familias cubanas, preocupadas porque sus hijos iban perdiendo nuestro idioma y nuestras costumbres a medida que transcurría el tiempo en tierras norteamericanas, veían la necesidad de crear una asociación, o club social, donde pudiéramos reunirnos y al mismo tiempo enseñar a nuestros hijos: nuestra cultura, nuestras raices y nuestro idioma. Días después el grupo, un poco más numeroso, se reunió en la casa de Luis y Bertha López-Blanco en Monterey Park.

Yo no conocía a la mayoría de las personas que asistieron a esas reuniones, eramos, sensillamente un grupo de padres y madres, exiliados cubanos, preocupados por el futuro de sus hijos y nietos en el país que nos abrió sus brazos y se convirtío en nuestra segunda patria. La idea inicial de fundar esta organización fué de Ernestina Hernández y Bertha López-Blanco y por ello siempre hemos considerado a estas dos damas "fundadoras" de esta organización.

En la próxima reunión en la casa de Luis y Bertha López-Blanco se eligió una directiva, presidida por Luis, de la cual tuve el honor de tomar parte. Esa misma noche, se discutió el nombre que se le daría a esta institución y unanimemente acordamos que se llamaría Club Cultural Cubano.

No todo fué un lecho de rosas en los primeros años de su fundación, pero contra viento y marea seguimos adelante con el firme propósito de crear una organización digna y de altos valores cubanos, con el enfoque inicial a beneficio de futuras generaciones, nuestros hijos y nietos.

Gracias a los contactos de Luis López-Blanco con oficiales de la ciudad de Monterey Park, especialmente con su alcalde "Marty" Martinez, se nos cedió un salón en el City Hall de la ciudad, donde por un tiempo celebrámos nuestras reuniones. Más adelante, conseguimos que nos dieran los salones sociales del parque "Garvey Ranch", y me llena de orgullo declarar que en un momento determinado el C.C.C. era la única institución de la ciudad a la que se le dió una llave del lugar y antes de reservar los terrenos de pelota (baseball) a otra organización de la ciudad, el departamento de parques y recreaciones de la ciudad nos llamaba para saber las fechas en que planeábamos tener nuestro campeonato anual de Baseball inter-socios. El C.C.C tenía prioridad para el uso de esos terrenos.

En los amplios salones del Garvey Ranch celebrámos fiestas infantiles, bailes para los adolescentes, actos patrióticos, campeonatos de dominó y ping pong, ect., y allí celebramos las primeras elecciones oficiales para nombrar la Junta Directiva en la cual fué electo Presidente Cándido Fernández y un servidor como vice-presidente.

Entre los acuerdos iniciales de la Junta Directiva presidida por Luis López-Blanco fué declarar la fecha oficiál de la fundación del C.C.C. como el mes de Septiembre de 1968 y todos los que fuesen miembros activos en ese momento serían considerados "socios fundadores".

Otro acuerdo transcendental en el año 1969 fué organizar un acto patriótico-musical, con la participación de niños, jóvenes y mayores, celebrando la fecha patriótica del 20 de mayo. El acto se celebró en el teatro del "Mark Keppel High School" en M.P. Fué tal el éxito, y la acogida de los cubanos en general en el Sur de California, que decidimos repetirlo ese mismo año en la fecha patria del 10 de octubre. De allí en adelante los actos patrióticos-musicales que anualmente presentaba el C.C.C. se convirtieron en uno de los eventos principales de nuestro club, al extremo de que tuvimos que hacerlo en el teatro del "East Los Angeles College" con capacidad para más de 2,000 personas.

Estos actos patrióticos-musicales nos dieron la oportunidad de enseñar a nuestros hijos los ritmos cubanos, a perder el miedo de hablar español delante de sus mayores y comenzaron a hablarlo entre ellos mismos, en una palabra, les inculcamos el orgullo de ser cubanos y como socios fundadores nos sentimos orgullosos de que parte de nuestros propósitos se habían cumplidos.

Otro evento que organizabamos cada año y era esperado por los cubanos del Sur de California era la verbena criolla en los terrenos y local de "La Puente Hand Ball Club", con juegos, comidas típicas, baile y una rifa gigante.

Son miles las anécdotas y actividades dentro y fuera de nuestro bello y amplio local social durante los ya 37 años de fundación del C.C.C. que harían interminable esta reseña.

A los que hicieron posible lo que al principio parecía un irrealizable sueño, a los que a través de los años han dedicado arduas horas de trabajo y sacrificio para engrandecerlo, y a los que hoy en día lo mantienen con orgullo y dedicación, nos queda la satisfacción del deber cumplido y de saber que nuestro sacrificio y nuestro trabajo no fué en vano, y que mantenerlo y engrandecerlo aún más es parte de nuestra historia y nuestro legado para que el Club Cultural Cubano sea siempre lo que intentamos que fuese, "un pedacito de Cuba en suelo norteamericano".

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